LA FOTOGRAFÍA Y EL SURREALISMO

Philippe Halsman, Obra incluida en el libro El bigote de Dalí, 1954

El Surrealismo –palabra inventaba por Guillaume Apolinaire- según la definición de André Breton (1896 – 1966), es “tomar conciencia cada vez más clara y al mismo tiempo crecientemente apasionada del mundo sensible[1]. El Surrealismo proclamaba la omnipotencia del deseo y la legitimidad de su realización e incluía grandes dosis del psicoanálisis de Freud, junto a componentes de fuerte sexualidad, como modo de marcar las diferencias y de reinventar valores éticos para una sociedad en crisis tras la guerra. Fue un movimiento estético que se construyó a partir de varios factores vinculados al Dadaísmo, que ya se había constituido como el primer movimiento de reacción contra la burguesía, la sociedad, la política y la guerra.

Al igual que ocurre con otros movimientos de vanguardia, la “fotografía surrealista” no existe como una manifestación del grupo, con la intención de crear una estética propia del medio dentro del grupo, si bien es cierto el evidente interés que el propio Breton manifestó por ella incluyéndola en el Manifiesto Surrealista de 1924. En él incluso llega a atribuirse la invención de la propia fotografía[2].

Las revistas surrealistas fueron no sólo un lugar donde se concentraba la actividad del grupo, sino también un terreno de debate, de creación y de crítica, y donde mejor se aprecia el papel que juega la fotografía en el surrealismo. Molly Nesbit señalaba: “A pesar de sus numerosas evoluciones, el surrealismo conservó siempre, en las revistas en que centraba su actuación, el principio de una colaboración estrecha entre los autores de los textos y los productores de las imágenes[3].

En La Révolion Surréaliste (1924 – 1929), la primera de las revistas, las ilustraciones eran anónimas, sin índice de identificación y sin ligazón con el texto. En los primeros números se utilizaba más las fotografías que otros tipos de ilustraciones; así, en el primer número, aparecían seis fotografías de Man Ray, mientras que no se reproducía ningún cuadro o pintura.

El Primer manifiesto del surrealismo, definía el movimiento como “automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral[4].

Dentro del movimiento se dieron dos tipos de fotografía: aquella que depende de una manipulación técnica y aquella que depende de una búsqueda particular.

  • Para la primera, representación del automatismo, se emplea el fotograma (Christian Schad lo rebautizó como schadografía, en 1918; Man Ray lo llamó rayograma). Esta técnica daba lugar a imágenes que era interpretadas como evocadoras del ámbito de la memoria.
  • En otra técnica, el quemado (brûge), la emulsión se reblandecía al contacto con el calor, con lo que la imagen final se deformaba, creando formas “fantasmagóricas”.
  • Para representar la reflexión personal, los surrealistas utilizaron la solarización, la sobreimpresión, la fosilización, el fotomontaje o el collage[5].

No todos los procedimientos utilizados fueron creados por el surrealismo; algunos tienen su origen en movimientos de vanguardia anteriores –cubismo, futurismo y dadaísmo-, como el fotomontaje, el collage, la pintura, la escultura y la fotografía de objetos, y los fotogramas o rayografías, aunque el surrealismo modifico su carácter para conferirles un significado diferente[6].

Junto a las técnicas fotográficas, la creación de ciertas escenografías con espejos, para crear distorsiones ópticas, o maniquíes, también fue muy recurrente.

Fotomontaje

El fotomontaje, técnica evidente del inconsciente, fue, en cambio, poco utilizada por los surrealistas, que preferían tener una unidad en sus ediciones. Muy utilizado por los dadaístas, era considerado más bien como un soporte para la publicidad y la comunicación, por lo que interesó a unos pocos como Dalí, Éluard o Ernst bajo la fórmula de las postales[7].

En estas nuevas orientaciones Salvador Dalí juega un papel muy importante. Ya antes de unirse al movimiento, entre 1927 y 1929, se preocupa por la relación entre la fotografía y la pintura, y por los valores intrínsecos de la fotografía. Aunque inicialmente creía que la fotografía era incompatible con el surrealismo, más tarde en Photographie, pure création de l’ espirit (1927) consideraba la imagen fotográfica como la más ágil y más cercana a las descubiertas por el proceso del inconsciente[8].

De hecho, es conocida la relación de Dalí con el fotógrafo Philippe Halsman, con quien trabajó más de treinta años y a quien transcribía sus ideas para que el fotógrafo las transformara en imágenes latentes, en el lenguaje de su propio medio artístico[9].

 

Man Ray, La centrale surrealiste, 1924
Man Ray, La centrale surrealiste, 1924

Al tratar del fotomontaje debemos referirnos a las fotografías de familia, iniciadas por el futurismo. Aunque para este tipo de imagen los surrealistas recurrieron a composiciones tradicionales, como La centrale surrealiste de Man Ray (1924), más característicos fueron los montajes con pequeñas fotos de carnet, a veces en torno a una fotografía de mayor formato de algún personaje significativo a la reproducción de un cuadro.

 

 

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En el primer número de La Révolution Surréaliste, una fotografía de Germain Berton, anarquista que había asesinado al redactor jefe L’ Action française, es rodeada por la de todos los surrealistas.

 

 

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En el último número de la misma publicación aparece un montaje parecido: los retratos de los surrealistas, con ojos cerrados, encuadran una pintura de Magritte, que representa a un desnudo femenino[10].

 

 

 

 

 

 

[1] Breton, André, Qu’ est- ce que le Surréalisme?, París, 1934, op. Cit Sougez, Marie- Loup, Historia General de la Fotografía. Ediciones Cátedra, Madrid, 2011, p. 334
[2] Sougez, Marie- Loup, Historia General de la Fotografía. Ediciones Cátedra, Madrid, 2011, p. 334
[3] Nesbit, Molly, “Fotografia, arte y modernidad (1910 – 1930), en Historia de la fotografía, dirigida por Jean- Claude Lemangny y André Rouillé, Alcor, Barcelona, 1988, op. Cit Mulet Guitierrez, María José y Seguí Aznar, Miguel, “Fotografía y vanguardias históricas”. Laboratorio de Arte: Revista del Departamento de Historia del Arte, Nº. 5, 2, 1992, pp. 300 - 301
[4] Texto íntegro reproducido por Mario de Micheli, Las vanguardias artísticas del siglo XX, Alianza, Madrid, 1979, pp. 313 – 353, op. cit. Mulet Guitierrez, María José y Seguí Aznar, Miguel, “Fotografía y vanguardias históricas”. Laboratorio de Arte: Revista del Departamento de Historia del Arte, Nº. 5, 2, 1992, pp. 301
[5] Sougez, Marie- Loup, Historia General de la Fotografía. Ediciones Cátedra, Madrid, 2011, p. 336
[6] Mulet Guitierrez, María José y Seguí Aznar, Miguel, “Fotografía y vanguardias históricas”. Laboratorio de Arte: Revista del Departamento de Historia del Arte, Nº. 5, 2, 1992, pp. 302
[7] Ibidem, p. 337
[8] Ibidem, p. 302
[9] VV. AA., La fotografía del siglo XX, Taschen, Colonia, 2005, p. 222
[10] Mulet Guitierrez, María José y Seguí Aznar, Miguel, “Fotografía y vanguardias históricas”. Laboratorio de Arte: Revista del Departamento de Historia del Arte, Nº. 5, 2, 1992, pp. 303
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