FOTOGRAFÍA DIGITAL

Los avances tecnológicos en el mundo de la información, y de la imagen fotográfica en particular, hacen que la imagen analógica pase a un segundo plano, anteriormente mediadora entre la técnica y el usuario. Joan Fontcuberta hace alusión a la línea argumental de Beaumont Newhall y John Szarkowski, que sugiere que “el discurrir estético es una consecuencia de la evolución tecnológica sin que las más de las veces los mismos fotógrafos se aperciban de ello”, todo para justificar una ruptura estética iniciada a finales del siglo XX y principios del XXI con la introducción de elementos digitales para la realización de imágenes fotográficas. Esta tecnología marca la “fractura entre imagen y soporte e información y materia”, con una supuesta muerte de la fotografía[1].

La opinión mayoritaria a finales de los ochenta hablaba de esta muerte de la fotografía por la pérdida de un estatus privilegiado como abanderado de la verdad y de la realidad, a favor de los procesos de creación de imágenes por ordenador. Es en este punto cuando, una nueva generación de fotógrafos, plantean una serie de problemas que hablan de la relación entre fotografía y realidad, y de la interpretación de la imagen fotográfica, ayudados por las nuevas tecnologías para su comprensión. De ahí los debates sobre la indicialidad de la fotografía[2].

Estos debates arrancaban de por la preocupación a la hora de utilizar programas informáticos de tratamientos de imágenes, que podrían hacer fotografías “falsas” haciéndose pasar por reales, que podría llevar a confusión a los espectadores, con su consiguiente pérdida de confianza en el medio, e incluso la pérdida de su identidad cultural. Ante esto, la fotografía se enfrenta a dos crisis: tecnológica y epistemológica, es por eso que, en general, se considera que las imágenes tratadas digitalmente se encuentran más cerca de los procesos creativos que ante los valores documentales. Sin embargo, la prensa siempre ha manipulado sus imágenes.

La revista Time, para su portada del 27 de junio de 1994 eligió una fotografía sacada de los archivos del Departamento de Policía de Los Ángeles del jugar de fútbol americano O. J. Simpson que había sido oscurecida, sin hacer alusión a estos cambios. Esa misma semana, la revista Newsweek también escogió esta fotografía, pero sin manipular, lo que permitió que fueran comparadas y que el editor de Time tuviera que escribir una carta contestando a las críticas recibidas y explicando los motivos que le llevaron a alterar la fotografía, dando lugar a un indiscutible racismo. El argumento utilizado es que estas modificaciones “elevaban a arte una vulgar fotografía”, reivindicando de esta manera que en periodismo este tipo de actividades estaban permitidas siempre y cuando “se mantuviera intacto el significado esencial de la imagen”[3]. También en American Photo, en su número enero/febrero de 1994, incluyeron en la portada una fotografía de Kate Moss vestida con transparencias. Sin embargo, para evitar las críticas o ante la negativa de distribución de la revista por parte de sus distribuidores del Sur, decidieron borrar digitalmente los pezones, en una práctica que será más que habitual en periódicos y revistas.

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Esto no significa que con la llegada de la era digital las imágenes no hubieran sido manipuladas. Desde sus orígenes, la fotografía siempre ha sido retocada, ya que la producción de cualquier imagen siempre implica alguna intervención, ya sea en sus niveles de luz, contraste, tiempos de exposición, gamas cromáticas, etc[4].

Muchos fotógrafos han explorado este campo de combinación de lo fotográfico y lo digital, Jeff Wall y Andreas Gursky son los más destacados en este aspecto. Aunque ya en las vanguardias el uso del fotomontaje fueron utilizados de modos muy diferentes, en la actualidad, las imágenes registradas con cámara digital o negativos escaneados, es decir, imágenes analógicas transformadas en digitales, pueden ser manipuladas como sus proporciones, perspectivas o colores (como hace el propio Gursky), dando lugar a imágenes completamente nuevas. Pero estos procesos creativos no son nuevos, tienen una clara referencia pictórica en su composición, temas o incluso el cine. Considerados como “neo-pictorialistas”, artistas como Wall o Gursky han sido tachados de conservadores, ya que el Pictorialismo dominó la pintura y la fotografía de finales del siglo XIX y principios del XX[5].

[1] FONTCUBERTA, J. (ed.), Estética fotográfica. Una selección de títulos, Op. Cit... p. 12

[2] FOSTER, H., KRAUSS, R., BOIS Y. y BENJAMIN B. Arte desde 1900. Modernidad, antimodernidad, posmodernidad. Madrid, Akal, 2006, pp. 659-660

[3] GAINES, J.R., “To Our Readers”, Time, 4 de julio de 1994, p. 4 citado en BATCHEN, G., “Ectoplasma. La fotografía en la era digital” en RIBALTA, J. (ed). Efecto real. Debates posmodernos sobre la fotografía., Op. Cit., pp. 321-322

[4] BATCHEN, G., “Ectoplasma. La fotografía en la era digital” en RIBALTA, J. (ed). Efecto real. Debates posmodernos sobre la fotografía., Op. Cit. pp.313-323

[5] FOSTER, H., KRAUSS, R., BOIS Y. y BENJAMIN B. Arte desde 1900. Modernidad, antimodernidad, posmodernidad, Op. Cit., pp. 659-660
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