LA FOTOGRAFÍA Y LAS VANGUARDIAS

Ya en 1861, un crítico inglés escribió en un artículo en “On Art-Photography”: “Hasta ahora la fotografía se ha contentado principalmente con representar a la Verdad. ¿No puede ampliarse su horizonte? ¿Y no puede aspirar también a delinear la Belleza?[1]. Desde sus orígenes, la fotografía ha tendido a entrar en el mundo del arte, en muchas ocasiones tendiendo a la similitud estética con la pintura. De ahí la corriente pictorialista con la que comenzó su andadura esta técnica de finales del siglo XIX. Pero en pocas ocasiones se suele aludir a la fotografía como técnica de apoyo para las obras pictóricas.

La invención de la cámara cambió el modo de ver de los hombres, lo visible llegó a significar algo muy distinto para ellos. Y esto se reflejó inmediatamente en la pintura[2]. La fotografía significó la liberación de un medio cuyo fin se centraba en la capacidad del artista por captar objetivamente la realidad. A partir de ella, la pintura buscará “otras realidades” más subjetivas. Los primeros daguerrotipos revolucionaron las tendencias del momento, como el Clasicismo y el Romanticismo, provocando también las primeras reacciones a favor, como Delacroix[3]. De hecho, fue uno de los pintores que, desde la aparición del daguerrotipo, apoyó esta nueva técnica, siendo miembro fundador de la primera sociedad fotográfica de Francia en 1851. En su “Diario”  escribió observaciones sobre la importancia del nuevo medio al que consideraba esencial para el artista, “una bendición para el arte”, y que utilizó sin reparos para sus obras[4].

Para los impresionistas, lo visible ya no se presentaba al hombre para que este lo viera. Al contrario, lo visible, en un fluir continuo, se hacía fugitivos[5]. Sin embargo, pintores como Monet, Courbet y Manet, nunca aceptaron la gran ayuda que debió constituir la fotografía para el realismo del que hacen gala en sus obras. Aunque, Impresionismo y Fotografía participan del concepto de instantaneidad, muchos artistas más o menos ligados a Degas, le acusaron de usar la fotografía como base de muchas de sus obras. Bernard Denvirhizo las siguientes declaraciones: “Resulta particularmente apropiado que la primera exposición impresionista se celebrara en un estudio fotográfico, pues la cámara iba a tener una influencia importante en el estilo y la técnica del movimiento. En primer lugar, suministraba imágenes que podían ser copiadas. Manet se basó para un retrato al aguafuerte de Baudelaire en una fotografía tomada por Nadar, y para otro de Edgar Allan Poe, en un daguerrotipo. Mujeres en el jardín de Monet, pintadas para Bazille en 1866-1867, se basaron en dos fotografías tomadas en casa de Bazille, cerca de Montpellier, y aunque Monet (que poseía cuatro cámaras) siempre insistía en las ventajas de pintar al aire libre, ciertamente hizo uso de la fotografía para sus series de pinturas, especialmente para las de la catedral de Ruán. El autorretrato de Cézanne de 1866 lo copió de una fotografía, y en 1868 un amigo suyo le escribía a otro: «Cézanne planea una pintura para la que se basará en algunas fotografías. Tengo la tuya, y saldrás en el cuadro»”[6].

En las primeras décadas del siglo XX la corriente pictorialista de la fotografía comenzó a dar un giro radical que supuso una ruptura con la tradición. Por una parte con su condición mimética; y, por otra, con su deseo de alcanzar el mismo estatus que la pintura. Esta nueva fotografía se caracteriza por:

  • La unión entre la fotografía y la tipografía o el diseño, formando un conjunto en un mismo soporte, relacionado con las revistas, la prensa ilustrada y la cartelería.
  • Trabajos editoriales que incluían imágenes fotográficas.
  • La entrada de la fotografía en el museo, como la Primera Feria Internacional Dadá, que incluyó en su mayoría fotografías.
  • La fotografía como objeto de estudio y de teorización. Por ejemplo, Salvador Dalí publicó La fotografía, pura creació de l’ esperit (1927).
  • Las nuevas técnicas fotográficas que prescindían de la cámara o la intervención directa sobre el positivo.

Para los cubistas, lo visible ya no era lo que había frente a un solo ojo, sino la totalidad de las vistas posibles a tomar desde puntos situados alrededor del objeto (o la persona) representado[7].

Lo importante de esta época en la historia de la fotografía es que este periodo supuso la superación conceptual de soporte para el reflejo del mundo, para pasar a una producción autónoma. Como señalaba László Moholy- Nagy: “En una era industrial como la nuestra, la diferencia entre el arte y lo que no lo es, entre la artesanía manual y la tecnología mecánica, ya no es absoluta. La pintura, la fotografía, la cinematografía y los efectos de luces ya no pueden ser celosamente separados unos de otros[8].

[1] Newhall, Beamont, Historia de la fotografía, Gustavo Giili, Barcelona, 2002. p.73
[2] Berger, John, Modos de ver. Gustavo Gili, Barcelona, 2010, p. 25
[3] http://www.avizora.com/publicaciones/fotografia_y_video/textos/0069_vision_fotografica_pintura.htm
[4] http://www.aloj.us.es/galba/monograficos/lofotografico/preimpresionistas/Durie-Delacroix.htm
[5] Berger, John, Modos de ver. Gustavo Gili, Barcelona, 2010, p. 25
[6] http://www.avizora.com/publicaciones/fotografia_y_video/textos/0069_vision_fotografica_pintura.htm
[7] Berger, John, Modos de ver. Gustavo Gili, Barcelona, 2010, p. 25
[8] Mulet Guitierrez, María José y Seguí Aznar, Miguel, “Fotografía y vanguardias históricas”. Laboratorio de Arte: Revista del Departamento de Historia del Arte, Nº. 5, 2, 1992, pp. 280-284
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